La Candidata

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Ana Elena Porras Guizado tiene nacionalidad panameña, es casada con el Ing. Alejandro Aramburú y tiene 2 hijas: Camila y Jimena. Es la segunda de 5 hijos del matrimonio entre Hernán Porras Castro y Maritza Guizado Paredes. Es nieta del expresidente Belisario Porras Barahona y del expresidente José Ramón Guizado Valdés.

Obtuvo su Licenciatura en Filosofía e Historia en la Universidad de Panamá, con el primer puesto de su promoción y, también en este centro de estudios, adquirió la Especialización en Docencia Superior. El título de Master of Philosophy en el Centro de Estudios de América Latina y en el Departamento de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, R.U. La Universidad de Princeton le concedió el título de Master of Arts, en el Departamento de Antropología. Obtuvo su título de Doctora en Antropología, en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Lima. En suma, la Dra. Porras es antropóloga cultural e historiadora de Panamá.

Sus publicaciones más importantes son sus libros HISTORIAS CANALERAS: Doce Testimonios de la Transición (Editorial Universitaria, Instituto de Estudios Nacionales, de la Universidad de Panamá, 2007) y CULTURA DE LA INTEROCEANIDAD: Narrativas de Identidad Nacional de Panamá, 1990-2002 (Editorial Universitaria, Carlos Manuel Gasteazoro, Universidad de Panamá, 2005; su 2ª edición en 2010) y la siguiente selección de artículos publicados en revistas nacionales e internacionales, así como también en periódicos locales: “El Impacto de las Relaciones de Parentesco sobre el Consumo Energético Domiciliar en las favelas de Rio de Janeiro” (IDRC, Canadá,1986); “España y América: o la aventura humana de descubrirse a sí mismo y al otro” (LA PRENSA, 1990); “Migración e Identidad. Los grupos étnicos urbanos de Panamá”. (en PANAMÁ: ITINERARIO DE UNA NACIÓN, El Hombre de la Mancha, Panamá, 2003); “Configuraciones de Identidad Étnica. La comunidad indostana de la ciudad de Panamá” (en PANAMÁ: CIEN AÑOS DE REPÚBLICA, Universidad de Panamá, 2004); “La Cultura de la Interoceanidad de Panamá” (en TABLERO, Bogotá, 2004). “El Canal de Panamá frente a la Cultura de la Pobreza” (LA PRENSA, Sección Opinión. Panamá, 13 de octubre de 2006). “Un Abordaje Cultural frente al Desafío del Cambio” (Colaboración para el Informe Anual de Desarrollo Humano del PNUD en Panamá 2007-2008). “Notas de Campo sobre Pobreza Urbana en Rio de Janeiro” (En la Revista: CUADERNOS NACIONALES, No 8, Tercera época, 2006. Instituto de Estudios Nacionales, IDEN) y “Reflexiones sobre populismo en Panamá: imágenes, valores y reivindicaciones” (en CANTO RODADO No. 8, 2013) “Imaginarios académicos sobre el populismo en Panamá” (en Revista CÁTEDRA, 2017, en impresión).

Ana Elena ha sido educadora la mayor parte de su vida, iniciándose como profesora de Ciencias Sociales, Cívica e Historia, en el nivel de educación media, en colegios particulares, hasta profesora universitaria de antropología cultural e historia de Panamá y América en la Universidad de Panamá principalmente, donde ha ganado por concurso la cátedra de Historia de Panamá y América y el ascenso a Titular II. En el presente, la Dra. Porras es docente del Depto. de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá y Directora de Cultura en la Vicerrectoría de Extensión.

Fue Embajadora de Panamá en Egipto durante los años 2007 a 2009. Entre sus logros destacaron la obtención del voto de Egipto y de los países árabes y africanos miembros de la OMC que reconocen el liderazgo de Egipto en sus votos internacionales, para que votaran por Panamá, en la persona de Alberto Alemán Zubieta, otorgándole el premio anual de excelencia al mejor ejecutivo-líder de la comunidad del comercio marítimo mundial; logró un incremento record del 30% de los ingresos al consulado de Panamá en ese país; su informe final de gestión es utilizado como modelo en la Academia Diplomática del MINREX y resolvió en 3 días una crisis diplomática con Egipto y la Academia Marítima de Alejandría ocasionada por un memorándum circulado internacionalmente por una funcionaria de mando medio de la Autoridad Marítima Portuaria de Panamá eliminando a esa Academia de la lista aprobada para la marina mercante de Panamá sin haber realizado las consultas correspondientes.

En cuanto a su desempeño en la sociedad civil, Ana Elena Porras fue Fundadora del Foro de Mujeres de Partidos Políticos, Miembro de la Junta Directiva de la Fundación Belisario Porras y, más recientemente, Fundadora y coordinadora general del Movimiento Ciudadano por el Fortalecimiento de la Identidad Panameña, proponiendo y logrando la aprobación de 2 leyes de la República: la Ley 118 del 27 de diciembre de 2013 que declara el 9 de Enero de cada año “Día de la Soberanía Nacional” y la exime de ser sujeta a día puente y la Ley 37 del 12 de mayo de 2015 que establece la obligatoriedad de la enseñanza de Historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América. En 2013 recibió el reconocimiento nacional como “Activista por los Derechos Culturales” de parte de la Organización de Derechos Humanos de Panamá.

Entrevista con Ana Elena

Por: Alessandro Gallipoli, Fondazione Anima Mundi

Panamá, 14 de diciembre de 2016

– ¿Para qué quiere Ud. ser Presidente?

Frente a la creciente corrupción, la desigualdad y la violencia en Panamá, siento que nuestros gobernantes y sus aliados están comprometiendo el despegue económico de Panamá, obtenido gracias a la nacionalización del Canal, la Zona del Canal y las bases militares, despilfarrando el dinero del Estado y robándolo descaradamente al pueblo panameño, en una danza de millones nunca antes vista. Creo que si no corregimos esto a tiempo perderemos la oportunidad histórica de convertirnos en un país con desarrollo humano, un país del primer mundo.

Vislumbro la necesidad de una propuesta diferente a la neoliberal, que ofrezca una alternativa política que sintetice principios y políticas del progresismo, la social democracia y el liberalismo social actualizados. Una propuesta que oriente la visión conceptual de país, las metas a largo plazo y ofrezca coherencia a un proyecto nacional, y a su plan de gobierno, combinado con un pragmatismo eficiente, planificado y profesionalmente idóneo en sus políticas públicas. Debemos construir un equilibrio entre el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, el mercado, el medioambiente, la cultura y la nación. Entre el individuo, las comunidades, la colectividad nacional y el Estado, donde los derechos de las mayorías prevalezcan cuando haya conflictos entre las partes.

En este escenario, me sitúo como una figura-puente, desde la diversidad, generadora de espacios de convergencia y diálogo entre panameños y panameñas que compartan esta visión como una opción políticamente distinta, necesaria, viable, impostergable.

– ¿Desde cuándo soñó con ser Presidente?

Es un sueño reciente. A las niñas en un mundo machista como el nuestro, no se nos ocurría tener este sueño. Como todas las niñas de mi generación en Panamá jugué con muñecas, soñando con casarme y tener niños, con ser bailarina clásica y maestra. La influencia intelectual de mi mamá, Maritza Guizado, fue decisiva en la literatura y la de mi padre, Hernán Porras, despertó mi pasión por la psicología y la antropología. Otra figura crucial en mi vida fue la de mi profesora de secundaria, la Dra. Ángela de Picardi, quien profundizó mi vocación por las humanidades y la búsqueda estética en la historia del arte.
Más tarde, desde los 16 años, quise ser el relevo generacional de Reyna Torres de Arauz, la inspiradora antropóloga panameña. A ello dediqué casi toda mi vida, a todo pulmón, obteniendo importantes éxitos y dolorosos fracasos, sin encontrar la oportunidad que ella tuvo de participar, con la estabilidad y apoyos políticos necesarios, en la construcción de tan añorado como urgente proyecto cultural de Panamá, como tema de Estado.

Después de 5 años de motivadoras experiencias como profesora de secundaria en colegios particulares y de 35 años de carrera académica en la Universidad de Panamá, quise difundir el conocimiento universitario hacia afuera del campus, popularizar el conocimiento. Así que exploré un nuevo camino: el de activista por el patrimonio histórico y cultural y los derechos culturales de los panameños. En noviembre de 2012 fundé, con el apoyo de valiosos ciudadanos panameños, el Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña. Ha sido una experiencia aleccionadora, creamos 2 leyes nuevas en favor de la memoria histórica panameña, realizamos conferencias de prensa, 5 foros abiertos y publicamos más de una docena de manifiestos en los diarios de la localidad, impulsando el debate, forjando opinión desde los paradigmas de la democracia participativa, la identidad panameña multicultural, la descolonización nacional, la equidad y la inclusión.

A inicios de 2015 algunas personas, amigas del referido Movimiento por la Identidad Panameña se me acercaron para plantearme la idea de una candidatura presidencial, idea que rechacé de plano en ese momento, por no contar con fortuna personal, ni pertenecer a partido político alguno por más de 10 años. No obstante, lo reconsideré cuando otros individuos me lo expusieron posteriormente, como un proyecto alternativo para abrir camino hacia la transformación de nuestra sociedad. Y aquí me tienen.

– Su historial político señala que ha sido vicepresidenta del Partido Liberal ¿Es Ud. ideológicamente liberal?

Asumo una síntesis ideológica entre el progresismo, la social democracia y el liberalismo social. Reivindico el liberalismo social de mi abuelo Belisario Porras, actualizado con los derechos humanos de 1ª, 2ª, 3ª y 4ª generación.

Por tradición familiar paterna, tengo una formación liberal social. Recordemos que mi abuelo Belisario fue, tal vez, el último de los liberales sociales de Panamá. Después de él, el Partido Liberal y los liberales panameños orientaron su ideología y acción política a un liberalismo individualista y privado, de corte oligárquico. Belisario peleó por ese liberalismo social en la Guerra de los Mil Días con la bandera roja por el Estado de derecho,  laico y la igualdad frente a la ley, contra la bandera azul de los conservadores que defendían el Estado confesional y la sociedad de privilegios.

Por el lado materno, mi bisabuelo Juan Antonio Guizado era conservador y fue soldado de la independencia en 1903 y Comandante del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, quien organizó los cuerpos de bomberos en México, Nicaragua, Costa Rica, Colombia, Venezuela y Argentina. Su hijo, mi abuelo José Ramón era ingeniero civil inspirado por los ingenieros estadounidenses que construyeron el Canal en su niñez y fue un exitoso empresario de la construcción. Era liberal de nueva generación, creyente de la empresa privada como motor del desarrollo y del Estado como garante del orden constitucional.

Mi abuela materna era sobrina del General Eloy Alfaro, el revolucionario liberal del Ecuador y de Don Pancho Arias Paredes, el liberal panameño de las élites transitistas en Panamá y enemigo de Belisario Porras.

Siempre quise ser parte de un proyecto nacional, para el fortalecimiento de la cultura desde las políticas públicas del Estado. Incursioné en el Partido Demócrata Cristiano y en el PRD cuando fueron partidos de oposición. Pero en ninguno de ellos encontré un espacio amigable para construir un programa cultural de gobierno como algo significativo y no apenas como cenicienta del gobierno nacional. También fui invitada a participar en el Partido Liberal Nacional (bajo el liderazgo de Raúl, Beby Arango) y en el Partido Liberal Auténtico (de Joaquín Franco). Fui vicepresidenta en ambas ocasiones. Renuncié al primero debido a la decisión inconsulta del presidente del partido de aliar al Partido Liberal al gobierno recién electo, el día anterior de su toma de posesión, de M. Moscoso, habiendo perdido las elecciones con nuestros aliados entonces, el PRD. Posteriormente, el Partido Liberal Auténtico desapareció en las elecciones de 2004. En todos los casos, durante mi búsqueda por el partido ideal, me mantuve leal a la ideología liberal social y al proyecto cultural, desde el fortalecimiento institucional y políticas públicas por la interculturalidad, la diversidad, la identidad nacional, la equidad y la inclusión. Desde el patrimonio histórico y cultural, como en las manifestaciones artísticas y el folclor, la recuperación de espacios públicos, parques y casas de cultura. La cultura es el mejor camino para combatir la violencia, generar ciudadanía, dinamizar la imaginación y la creatividad, liberando al ser humano de toda forma de opresión.

Finalmente me decepcioné de los partidos políticos porque han abandonado su rol de opciones ideológicas y se han convertido en empresas para negocios sin escrúpulos ni transparencia, así que opté por activarme en la sociedad civil.

– Puso una demanda ante la Corte Suprema de Justicia por donaciones a la curia metropolitana de Panamá de iglesias coloniales por parte de los gobiernos de Martinelli y Varela. También ha defendido la educación sexual integral. ¿Es Ud. anticlerical?

Me eduqué en colegios privados de monjas y he recibido todos los sacramentos cristianos, menos la extremaunción, obviamente. Como he dicho antes, mi familia era liberal (algunos creyentes, otros agnósticos) y casi siempre crítica de las autoridades de la Iglesia. También tengo a mi hermana Lupe, con nombre de virgen mexicana por haber nacido en esa gloriosa nación, quien es nuestro ángel familiar porque reza por todos en la familia y nos cuida, nos soporta y aconseja.
Debido a mi formación en la historia y la antropología cultural, conozco la historia de las religiones (y de la Iglesia Católica), que tienen episodios sangrientos y espeluznantes y no puedo evitar verlas críticamente. He admirado al Papa Juan XXIII y al Papa Francisco por su humildad y esfuerzos por democratizar a la Iglesia. En Panamá simpatizo con el Padre Jorge Sarsaneda. Lo considero un cristiano genuino, solidario con los más pobres y progresista. También soy admiradora de Frei Betto y de Leonardo Boff y la teología de la liberación.
Respeto el derecho a la libertad de culto, siempre y cuando no se violen los derechos humanos y el derecho a ser agnóstico y ateo.
Mi demanda por la donación de iglesias coloniales, se debe a que es inconstitucional y creo que nadie debe estar por encima de la Constitución y de la Ley porque es un principio sagrado de la democracia. En cuanto a la educación sexual integral pienso que es un derecho y una necesidad impostergable de salud pública, de equidad y lucha contra la pobreza.
Y pienso que los Estados deben ser laicos para garantizar esta libertad de culto y también el pensamiento crítico y la ciencia –evitando los fanatismos que conducen a guerras religiosas, cacería de brujas y otras formas de la violencia.

– Se ha casado varias veces; ¿cree en la familia y el matrimonio?

Creo en la familia en todas sus formas y manifestaciones, como una célula social básica, creo en el matrimonio –y también en el divorcio— como instituciones civiles creadas por los liberales, las cuales regulan los derechos y los deberes de una pareja entre sí y hacia los hijos cuando los hay. Creo que el matrimonio es como la democracia, en el sentido de que ambos son imperfectos y, sin embargo, son lo mejor que conocemos para la convivencia basada en derechos. Esto no quiere decir que no respete las uniones libres para aquellos que así lo escogen y la soltería como opción libre, cuando no resultan de imposiciones o de la evasión de responsabilidades de alguna de las partes y siempre que el Estado provea jurídicamente por los derechos del hombre, la mujer y los hijos, cuando alguno de los cónyuges es abandonado por su pareja.

Me casé a los 18 años con mi primer novio y el matrimonio duró 8 años. Luego, me casé por segunda vez, con el padre de mis dos hijas, Jimena y Camila, con quien estuve casada 12 años. Finalmente, me casé con Alejo, con quien llevo 23 años de feliz matrimonio. ¡La tercera dio la vencida!

– El Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña que Ud. fundó y lidera desde el 2012 defiende valores de patriotismo; ¿es nacionalista? ¿acaso un poco anti yanqui?

No adverso naciones ni pueblos. Pero sí soy contraria a los imperialismos y sus formas de colonialismo, vengan de donde provengan. Los Estados Unidos de América construyeron una nación muy grande, con la unión de muchos estados, lo que la hace compleja y diversa. Su Constitución ha sido modelo para todas las democracias de Occidente.

En el caso de la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, no podemos negar que uno de sus componentes más importantes y sensitivos fue la de implantar un enclave colonial en Panamá, con los abusos y humillaciones que esto trajo consigo para el pueblo y la República de Panamá. No obstante, también dieron como resultado, la construcción del Canal de Panamá, el saneamiento de la ciudad de Panamá y la exterminación de la fiebre amarilla.

– Ha sido una reina del Carnaval. ¿Cómo compagina eso con su proyección feminista e intelectual?

Reivindico el carnaval como la fiesta popular más importante del panameño y creo que debe adoptarse como patrimonio cultural por parte del Ministerio de Cultura (necesidad institucional impostergable) para recuperar su autenticidad y estética, y celebrarlo de manera organizada y bella, con planificación. Debe ser una oportunidad para celebrar la vida, burlarnos de nuestros miedos, desafiar simbólicamente al orden establecido e imaginar el país que soñamos —mientras cantamos, bailamos, nos disfrazamos y enamoramos. La tradición del carnaval de los panameños es rico en manifestaciones artísticas de gran valor y no tiene porqué copiarse del carnaval del Brasil o de cualquier otro. También defiendo la recuperación del carnaval para el panameño (y de paso para los turistas) donde el pueblo panameño debe ser sujeto activo del carnaval y no apenas un objeto mediático o de consumo, o un observador, todos apiñados en las calles frente a enormes tarimas como si estuvieran frente al televisor, mientras nos mojan con mangueras como ganado en un matadero.

Rechazo el paradigma que equipara a las reinas de carnaval con la mujer decorativa, tonta y frívola. Creo que desde esos espacios mediáticos las mujeres podemos combatir el estereotipo de la mujer como objeto sexual, y de consumo, proponiendo una imagen de mujer empoderada, con pensamiento crítico y dignidad humana. Como ejemplo de lo que quiero proponer, señalo a las reinas de belleza de los grupos afro descendientes y, más recientemente, al reinado de belleza de los grupos indígenas….porque su objetivo es descolonizar y combatir el racismo implícito en nuestros criterios de lo bello, gracia y popularidad.

 

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