Cultura

  • La cultura como fuente de identidad y sentido de pertenencia de una sociedad debe ser garantizada, protegida, promovida y democratizada por todas las escalas de la administración pública. Deben impulsarse aquellas iniciativas que motiven a la ciudadanía a expresarse en algún ámbito de ésta. Al referirse a la cultura, no sólo implica aquella que es, debido a las brechas sociales, elitista, — la cual debe democratizarse –, sino a todas las manifestaciones, especialmente las más populares, tradicionales o vanguardistas, que sean parte del inconsciente colectivo de una sociedad.
  • La inversión en cultura asegura calidad de vida y oportunidades, así como desarrollo humano integral porque potencia las múltiples capacidades de creatividad e innovación intelectuales, sus conductas ciudadanas y de convivencia del ser humano, además de ser una estrategia probada contra la criminalidad juvenil (junto al deporte) porque inspira a la reflexión, a trazarse metas y a cultivar ideales y también porque divierte, entretiene y orienta para la vida, por lo que es necesario incrementarla desde el Estado, la empresa privada y las comunidades.
  • En los próximos 20 años, un mundo cada vez más automatizado por tecnologías robóticas reemplazarán al trabajador tradicional. Solo los empleos y empresas que sean creativas van a prosperar. En este escenario proponemos adoptar con mayor compromiso en nuestro país la industria cultural o economía naranja tan exitosa en países vecinos como Colombia, como un camino prometedor del sector más creativo de la producción nacional que permitirá potenciar y abrir nuevas oportunidades de trabajo y espacios de negocio, especialmente entre la juventud, enfocados en la creatividad, la innovación, la imaginación. Esta industria se enfoca principalmente en el sector del entretenimiento en todas sus dimensiones (espectáculos en vivo, televisión, cine, artes gráficas, gastronomía, festivales artísticos, ferias de folclor, compañías y agrupaciones artísticas, etc.) y en la educación, especialmente en las tecnologías educativas que se convertirán en la herramienta principal de docentes y estudiantes en el aula de clases. En Panamá, a pesar de no contarse con un plan de Estado para el sector cultural, la economía naranja representa ya un 6.4% del PIB y el 3.2% del empleo del país entre 2015 y 2017.
  • Asimismo, hay que multiplicar la inversión estatal y privada en lo que se ha dado en llamar Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I), que no es otra cosa que la puesta en marcha de iniciativas de gran calado en la esfera de la ciencia y la tecnología, con el apoyo del sector privado y de la academia. Esto permitiría generar conocimiento, cuyo valor agregado es el más alto en la actual sociedad de la información, que vive una verdadera revolución digital, similar a la que causó la invención de la imprenta en el siglo XV y que cambió al mundo y puso fin al oscurantismo.
  • El conocimiento es el insumo de mayor valor agregado en la sociedad de la información. Por lo tanto, los entes estatales, privados y no gubernamentales deben garantizar el acceso universal a las tecnologías de la información y de las comunicaciones, como Internet, la telefonía móvil, o la televisión digital terrestre. Esto es posible mediante un sistema mixto, público-privado, que promueva la desaparición de la brecha digital.
    El Estado, para garantizar la libertad de expresión, deberá promover la diversidad y mayor cantidad posible de medios de comunicación. En este contexto de la diversidad, debemos contar con sistemas nacionales de radio y televisión de mayor calidad que las actuales, que promuevan la cultura, la educación, el acceso a la información y la pluralidad democrática. Como modelo, se puede adoptar el de corporaciones como la British Broadcasting Corporation (BBC) o la Radio Televisión Española (RTVE).

Descargar estas propuestas en formato PDF: PROPUESTAS PARA EL SIGLO XXI